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LA MUERTE COMO NEGOCIO


En la vida, todo es un negocio, las personas por suerte o desgracia, desde que nacemos, tenemos una serie de deberes y obligaciones que nos marca la sociedad desde siempre.

La principal obligación y deber del ser humano, es trabajar para poder vivir y sacar a la familia adelante, quizás este hecho, es el que provoca, que esta imposición, se sobrelleve bastante bien.

Después de este breve preámbulo, voy a hablar del tema que pretendo narrar en este articulo.

El hecho de morir una persona, es un negocio muy lucrativo, para otros mortales que trabajan, en las compañías de seguros, especializadas en este ramo de decesos y sobre todo para las empresas funerarias, que las asisten.

Hace mucho años, cuando los ciudadanos ni se planteaban, asegurar su casa o bienes, ya existía una iguala, cuyo objetivo era hacer frente a los gastos del entierro o sepelio, de aquellas personas que fallecieran, pues al ser este un hecho cierto y seguro, se tenia miedo a que llegado el momento, no se tuviera el dinero suficiente, para pagar dichos gastos.
Haciéndose eco de esta demanda urgente de la sociedad, nacieron las aseguradoras, especializadas en este ramo, cuyo objetivo era garantizar, el pago del servicio funerario, mediante la contratación de una póliza, con una prima anual estipulada por personas, dependiendo de la edad y cuya forma de pago, habitualmente era mensual, cobrándola en el domicilio del asegurado, enviando la compañía de seguros a su cobrador, para hacer efectivo dicho pago. Todavía en nuestros días, sigue esta tradición totalmente desfasada y obsoleta aunque muchas personas, que tienen contratado este seguro, cumplen mensualmente con esta obligación.

La sociedad actual y sobre todo el segmento de personas comprendidas entre los 18 a 35 años, son muy reacias a adquirir o comprar este seguro, sin embargo a partir de 40 años, la mayoría de personas lo tienen contratado, ya que sus padres, los incluyeron desde pequeños en sus pólizas y posteriormente, al formar su propia familia, contrataron una póliza nueva.

Este contrato por su tradición y arraigo en nuestro país merece, una explicación mucho más amplia y sofisticada, pues en la mayoría de los casos no se vende con la claridad de conceptos, que un consumidor debe conocer ya que a la hora de la ocurrencia del siniestro, es cuando surgen las divergencias, entre la aseguradora y el asegurado, por esta razón merece una mayor atención y aclaración, de la famosa letra pequeña, para el ciudadano sepa lo que ha adquirido y cuales son sus prestaciones y servicios, sin darse a engaños.

El seguro de decesos, que comercializan las compañías de seguros desde antaño, para que se hagan una pequeña idea, es una tarta que se reparte en diferentes porciones y posiblemente, una de las partes más suculentas económicamente, se la lleve el sector funerario, con sus principales clientes las aseguradoras y las personas particulares, que aportan los ingresos básicos, para que este sector, genere empleo y riqueza.

En este aspecto es conveniente, indicar a nivel comparativo, las cifras de lo que vale, un servicio de enterramiento a una compañía de seguros y lo que puede costarle, ese mismo aun particular, que no teniendo ninguna póliza contratada, tenga que utilizarlo.

Son tantos y variados los precios que existen, dependiendo que se ejecuten en una población u otra, las diversas y diferentes calidades del mismo, más o menos sofisticado, (sala de velatorio, urna confeccionada con distintas maderas, número de coronas, esquela en prensa o radio local, recordatorios, taxis de acompañamiento, celebración de misa o responso, gastos varios, etcétera.

Los precios pueden oscilar para las aseguradoras, desde 2400 euros, en determinadas poblaciones, hasta 3000 euros en otras y para las personas particulares se puede hasta duplicar el importe, dependiendo de muchos factores, calidad y categoría del servicio funerario requerido.

También hay que tener en cuenta, el negocio que hacen los ayuntamientos, en los campos santos, de propiedad municipal, con los precios que cobran, por las fosas, nichos, que pueden oscilar desde 450 a 558 euros, los panteones habitualmente son propiedad particular y el precio de su construcción en el cementerio de nuestra ciudad, oscila sobre los 12000 euros, dependiendo de su sencillez y los ornamentos que embellecen, la morada eterna, del que no esta aquí.

Habitualmente las fosas y los nichos, no son propiedad de los familiares del difunto, están limitados a contener sus restos durante diez años, aunque en la actualidad el ayuntamiento de nuestra ciudad, ha dado opción a prolongarlos durante noventa y nueve años, de tal forma, que los terrenos del cementerio, puedan alojar los restos mortales de los fallecidos, sin necesidad de ampliarlos en un corto espacio de tiempo.

Son tantos y tan complejos, los perfiles que habría que desmembrar de este segmento productivo de la economía, que muchas personas desconocen completamente y que sin ser plato del agrado de nadie, es preciso hablar de la muerte, pues en realidad es la única e indiscutible verdad de la vida.

Siendo este un negocio floreciente y cuya productividad, hace que vivan muchas personas de los beneficios, que reporta esta actividad que rodea a la muerte de las personas.

Las empresas funerarias, siempre han existido, pero conforme han pasado los años, se van adaptando a la modernidad de los tiempos actuales, para hacer más llevaderos y cómodos esos momentos tristes y de estrés, cuando fallece un ser querido, esas horas interminables y de dolor, desde la ocurrencia del hecho, hasta que se le da sepultura definitiva, en el lugar escogido del cementerio, de acuerdo con su religión y formas de pensar.

PUBLICADO EN LAS PROVINCIAS 08/11/2003

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