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artículos 2003] A pocos kilómetros de la ciudad de Alicante, se encuentra la vecina población de San Vicente del Raspeig con más de 42000 habitantes. Esta ciudad ha prosperado mucho en los últimos años, siendo el lugar idóneo para vivir e incluso para venir a trabajar, dada su proximidad a la capital, haciéndola todavía más atractiva, por las mejoras que se están acometiendo en cuestión de infraestructuras y servicios. En estos días de Abril se celebran sus tradicionales fiestas Patronales y de moros y cristianos en honor a su Patrón, San Vicente Ferrer, ese Santo tan grande, que según dicen los mayores, cuando se baja del altar y se posa en el trono, que servirá para procesionarlo, el tiempo cambia y aparecen nubarrones e incluso las mismas voces aseguran que puede llover. Los sanvicenteros y sanvicenteras, dejan aparcada la monotonía diaria, vistiéndose con el traje de la comparsa o fila que han elegido, para participar en este evento anual, que desata las pasiones y los sentimientos más íntimos, por estas fiestas, que se viven con una intensidad desbordada por parte de sus vecinos y todos sus visitantes. Desde que se conmemora este evento, cada año, han ido aumentando el numero de festeros, que participan en los actos organizados para la ocasión, en ambos bandos, siendo en la actualidad, una de las poblaciones de nuestra provincia, que ha ganado a pulso, su fama en este tipo de acontecimientos. Llega por fin, el día tan deseado, el ambiente se hace denso, todo esta preparado, el alumbrado instalado, los balcones engalanados, el pueblo reluciente, todos los trajes planchados, los accesorios inmaculados y los arcabuces a punto, limpios y engrasados para hacer sonar la pólvora en cualquier esquina y rincón de la ciudad. Las huestes mora y cristiana, dispuestas a realizar el sublime espectáculo, de la entrada, todos unidos como una piña, disfrutando del desfile, poniendo todo lo mejor de cada uno, para que salga perfecto. Trajes sobrios, alegres, vistosos, suntuosos, suenan por las calles tradicionales, los acordes de la marchas moras, de los pasodobles, Chimo, Paquito el Chocolatero. Es la alegría e ilusión, de estas gentes, que saben caminar hacia el progreso, la libertad y armonía, de todos sus moradores. Por lo tanto, este noble pueblo de San Vicente del Raspeig otro año más, se echa a las calles, para celebrar sus fiestas Patronales, dando lo mejor de sí mismos, deleitando con sus actos, entrada, cabalgata, embajadas, procesión, alardos, a propios y foráneos. Y así
se cumple un año más, la tradición de todo un pueblo,
que vive sus fiestas con ese entusiasmo e ilusión sublime, que
las hace incomparables. |
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