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artículos 2003]
ALICANTE Y SUS HOGUERAS
A llegado por fin el deseado mes de Junio, la ciudad despierta a la
fantasía e ilusión, se empieza a respirar en el ambiente,
algo sé esta gestando, ya falta menos y aunque todos los años
experimentamos la misma sensación, cada vez es diferente.
La ciudad se prepara, a vivir estas jornadas festivas, las calles se
adornan con sus mejores galas, se instalan multitud de arcos de luz
con miles de bombillas, dispuestas a brillar durante la noche, van a
ser días de tradición desbordada, todo esta a punto para
iniciar este evento, que provoca que los moradores de la ciudad se echen
a las calles, para celebrar con intensidad y desenfreno, las hogueras
de San Juan.
En la plaza de los Luceros como es tradicional, todo esta punto para
disparar, conforme marcan los canones, la primera mascletá, preludio
de unas jornadas agotadoras de entusiasmo popular, por vivir este acontecimiento,
que levanta pasiones entre los moradores de nuestra población.
La pólvora elemento indispensable de esta celebración,
con su ronco y atronador sonido y su olor característico, mueve
a este pueblo mediterráneo a vivir sus fiestas, como si de algo
nuevo e innovador se tratara.
Y como obviar a la protagonista por excelencia, la mujer alicantina,
la flor y el alma de la fiesta, la razón de su existencia, con
su traje de novia, esultante, bella, hermosa, radiante, iluminando con
su presencia, todos los actos que se desarrollan durante estas jornadas,
pasacalles, ofrenda de flores, desperta y muchos más.
La mujer como epicentro, representando a nuestro pueblo, honrada por,
foguerer, barraquer, padres, novios, hermanos y por todas aquellas personas,
que tienen la suerte de vivir in situ, estos días de alegría
y regocijo popular.
La ciudad, no duerme ni descansa durante estos días, la cara
del moro, desde ese lugar predominante observando como un centinela,
los actos que se están realizando en la urbe, las personas entregadas
a las labores propias de este evento, para que todo salga perfecto.
Los monumentos fogueriles plantados, erguidos y orgullosos de lo que
representan, tres días plenos de vida y alegría, esperando
la jornada grande, el día de San Juan, y a partir de las 12 de
la noche, las hogueras, nacidas y creadas de madera y cartón
por la imaginación y las manos del artista, desaparecerán
por medio del fuego exterminador, como si de un espejismo se tratara,
será el colofón y punto final de estas fiestas, que tanto
amamos los alicantinos y alicantinas.
Pero esto no acaba esa noche, vuelve a renacer de las cenizas otro nuevo
año, con la misma ilusión o más que el anterior,
otra vez a iniciar el ciclo festero, renovados con el fuego de San Juan,
tristes porque la fiesta ha terminado, pero contentos porque vuelve
a empezar, al instante.
Alicante otra vez más va ha demostrar al mundo, con sus hogueras,
que respecta sus tradiciones más arraigadas, llevándolas
a la practica cada año y sus moradores se sienten muy orgullosos
de compartir con propios y foráneos, estas fiestas tan bonitas,
que integran a todas las personas, haciéndolas olvidar por unos
días la cotidianidad y abocándolas a un mundo de ilusión
y fantasía, en esta tierra mediterránea cuyos ingredientes,
de colorido, música, pólvora y mujeres preciosas, provocan
que todas las personas, que nos visitan estos días, sientan la
fiesta como suya.
PUBLICADO EN LAS PROVINCIAS 28/05/2003