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LA TRASTIENDA DEL COMERCIO


Ha llegado, puntualmente y como todos los años, el deseado mes de Diciembre, cuyo encanto y tradición es por todos reconocido. En este obligado paso por el calendario, hay una serie de eventos y acontecimientos extraordinarios, que van a provocar unos gastos y desajustes importantes, en las economías domésticas, de los ciudadanos.

Esta próxima la Navidad, con toda la parafernalia, que lleva intrínseca esta festividad, compras de todo tipo, desde llenar el frigorífico de comestibles y bebidas, hasta la adquisición de artículos y regalos de todas las clases y tipologías, es la época anual, de las adquisiciones exageradas y el consumismo frenético.

Todos los comercios y grandes superficies, preparados para recibir con los brazos abiertos, a la avalancha de consumidores potenciales. Pero para que todo este a punto, perfecto, sin fallos de última hora y se puedan adquirir todos estos artículos o productos. Hay una trastienda en estos negocios, la parte que no se ve, pero se siente, el factor más sensible y entrañable,”el humano”, que en muchas ocasiones pasa desapercibido, a los sentidos del consumidor.

Los dependientes y dependientas de comercio, que han elegido esta profesión, de servicio y atención a los demás, sacrificando en muchas ocasiones, los días festivos que son hábiles para este grupo de personas, propiciando que la ciudadanía, pueda realizar sus compras con comodidad, en los establecimientos que permanecen abiertos, con un horario muy amplio y flexible, durante todo el día.

Este profesional, es el verdadero sufridor de la actividad comercial, ya que a raíz de la aprobación de libertad de horarios, los comercios abren sus puertas al público todos los domingos, autorizados por la Conserjería de Comercio de la Generalitat, aunque la tendencia, es que para el año 2005, se pueda aperturar todos los festivos.

Las personas que trabajan en este sector de la economía, condenan su tiempo de ocio y descanso, no pudiendo disfrutar con su familia, sobre todo en los días más señalados, para todos.

Lógicamente en una sociedad como la de nuestros días, en la que el consumismo, es el rey, aunque se abrieran los comercios, las 12 horas del día y los siete días de la semana, todavía faltaría tiempo para comprar lo que fuera, aunque no haga falta, ya que existe una adición muy enraizada a acumular artículos y objetos, que no se necesitan para nada.

En este último mes del año, las personas que trabajan en tiendas, grandes superficies, almacenes y comercios, están preparadas física y síquicamente, tanto ellos como sus familias, para afrontar estos días que se avecinan, proporcionado ese servicio y buen hacer a los demás, para que la cotidianidad de las festividades próximas, sean como todos los años, plenas de alegrías, de comilonas interminables, de compras de regalos y artículos varios y de esta forma se cumpla otro año más, con la sagrada tradición, de las compras exageradas, que rodean un evento tan característico e importante.

PUBLICADO EN LAS PROVINCIAS 29/11/2003

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