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El fervor de los alicantinos

Un año más justos a la cita los alicantinos y alicantinas, se preparan en este Jueves mágico, lleno de fervor y espiritualidad, a iniciar la romería de toda una ciudad, hasta el Santuario de la Santa Faz, distante de Alicante unos cuantos kilómetros, un arraigo y tradición que han pasado durante el tiempo, entre padres e hijos.

La Cara del Maestro, impresa en un lienzo, cuando iba camino del Calvario, a pagar con su muerte, los pecados de la Humanidad y del hombre, que hace que este pueblo se una, todos los años y en especial en este Jueves, para honrarla y venerarla. Realizando una peregrinación olvidando, todas las diferencias, ideológicas, sociales, culturas, etcétera...Unidos como una piña, con el blusón negro, el pañuelo y una caña, partiendo todos desde la Concatedral de San Nicolás de Bari, a primeras horas de la mañana, con las autoridades civiles, religiosas y el pueblo llano.

Una vez se llega a la altura del Hotel Europa, se hace la paraeta, para que los romeros hagan un alto en el camino y degusten los rollitos de anís y una copita de mistela, según marca la tradición más ortodoxa y de esta forma todos recuperen las fuerzas, para seguir el camino, hasta el Caserío de la Santa Faz, llegando a la meta, sobre media mañana la romería oficial. Pues la gente, va acercándose, desde todos los barrios de la población y una vez visitada la Iglesia, para contemplar la Cara del Señor. Las personas se reparten, por todos los campos de los alrededores, para almorzar e incluso buscar un sitio apropiado, para sacar las mesas y las sillas de playa y bajo la sombra de algún árbol, quedarse todo el día ha celebrarlo, con unas buenas chuletas a la brasa, o unos magníficos bocatas y la bebida fresca de la nevera de hielo.

La Peregrina, esta muy enraizada en la tradición y costumbres de Alicante, cuya ventana al mar la hace maravillosa, para vivir. Sus gentes, trabajadoras, afables y sobre todo, con una idiosincrasia totalmente mediterránea y con unas costumbres ancestrales, que han sido transmitidas de padres a hijos y así generación, tras generación, hasta llegar a nuestros días, en pleno siglo XXI. Aunque sea la época, de la informática, de internet, de la automatización, del consumismo adicto, del materialismo radical, de la falta de valores morales, de la carencia de espiritualidad y sobre todo de la deshumanización del hombre.

Los alicantinos y alicantinas, sabremos guardar los valores, más profundos de nuestra conciencia y cultura ancestral, para que las generaciones venideras, tengan un patrimonio moral y espiritual que sigan defendiendo y manteniendo.



 

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