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artículos 2005] Otro año más, en Alicante al igual que en el resto de la geografía nacional, empiezan las rebajas de Enero, respetando escrupulosamente las costumbres y tradiciones más enraizadas de la sociedad de nuestros días. Todos los comercios, pequeños, medios o grandes superficies, después del consumismo adicto de estos días de Navidad, están preparados para hacer frente a las jornadas que se avecinan de compras multitudinarias. De aquellas personas que van a visitar durante estas jornadas los establecimientos comerciales. Las principales arterias de la ciudad: Maisonnave, Alfonso el Sabio, Calderón de la Barca y todas las calles más comerciales de los barrios, con sus escaparates llenos de artículos y prendas, las cartelerias puestas en su sitio anunciando los nuevos precios que van a servir de reclamo a los consumidores potenciales. Pero de este tema hablo todos los años por estas fechas y creo que ustedes conocen muy bien como funciona toda la maquinaria de marketing y publicidad, para que el consumidor deje sus euros en prendas o artículos que unos días antes tenían un coste superior, o sea más caro. Voy a aprovechar este espacio que me brinda la Verdad de Alicante, para dar un nuevo enfoque y sacar del anonimato a las personas que hacen posible que este evento se produzca cada seis meses. Como ustedes suponen estoy hablando de los dependientes
y dependientas de comercio. No podemos obviar que en el mes de Julio
también hay rebajas y son los dos ciclos anuales que los profesionales
del sector describen como cambio de temporada. También los verdaderos sufridores de comercio, son las familias de estos profesionales y si no, que me lo digan a mí, que estoy padeciéndolo en mis propias carnes más de veinticinco años, pues mi esposa es dependienta y hecho de menos sus ausencia, muchas veces en los momentos más importantes de la vida familiar. Pero bueno, mí intención no es entrar en ningún tipo de polémica, eso sí, explicar al público que hay unas personas que han elegido este oficio como medio de vida y que son los verdaderos artífices que ponen a punto, toda la parafernalia que lleva intrínseca las tradicionales rebajas. Por eso este año como los demás a comprar
el chollo o la ganga, siempre con cuidado, no nos den gato por liebre,
conforme indican las asociaciones de consumidores. Terminando de gastar
los pocos euros que nos quedan, después de unas fiestas de derroche
total. Y si no a tirar de tarjeta, que ya vendrán los meses posteriores
para pagar. Y a disfrutar de este acontecimiento con tanta solera en
nuestro país, que la vida son dos días. Como verán
estoy muy eufórico. Aunque la realidad es otra muy distinta,
hay que comprar lo que necesitemos de verdad y si alguien se puede permitir
algún capricho, adelante. Pero hay que comprar racionalmente
y sin que el consumismo adicto nos arrastre hacia donde no queremos
ir.
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