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El Papa amigo

Es indescriptible ver como nuestra tierra se ha volcado con la visita del Santo Padre a Valencia. Peregrinos llegados de todos los rincones del globo, con un mismo entusiasmo, con una misma idea, ver en persona aunque sea a distancia, al Vicario de Jesús en la tierra, al hijo del carpintero que murió por redimir el mal en el mundo, al sucesor de Pedro.

Con independencia de las ideologías, los credos, las razas, las diferencia de criterios, las conciencias individuales, las personalidades egocéntricas y egoístas, las prepotencias de algunos, lo que es un hecho irrefutable es que Benedicto XVI (Joseph Ratzinger), sigue igual que su antecesor en el Trono de San Pedro, Juan Pablo II, el Papa bueno, que dejo en la Humanidad una aura de bondad y de acercamiento de la Iglesia católica a los problemas y necesidades del pueblo llano, con su mensaje de amor y sobre todo, igual que Ratzinger unas enseñanzas especiales y cuidadas para la juventud ya que son la cantera de cristianos en el futuro.

Por ello Benedicto XVI, continúa con las políticas de su antecesor de viajar por el mundo como un peregrino más, para explicar su mensaje de paz, concordia y defensa a ultranza del concepto de la familia tradicional que muchas veces los legisladores olvidan por razones puramente electoralistas y partidistas.

En un mundo amenazado por la falta de valores y creencias, de materialismo y competitividad adicta, donde predomina el laicismo radical y la falta de espiritualidad.

Es bueno y positivo que alguien nos recuerde de vez en cuando, desde la autoridad moral que reviste al Santo Padre, lo que esta bien o mal. Luego cada cual que actué en conciencia según su criterio, de ahí la individualidad y el libre albedrío. La verdad es solo una, las interpretación que cada cual le pueda dar son muy variadas y distintas, pero convergen en el mismo sitio.

La ciudad de Valencia ha acogido estos días un acontecimiento histórico muy difícil de repetirse en el tiempo, el Papa ha pisado la tierra de Jaime I, la tierra de los labradores, la tierra de los valencianos, del reparto equitativo del agua. Una tierra de hombres que muchas veces dejan sus diferencias para unirse en sus tradiciones y su fe, con la Virgen de los Desamparados, la Magdalena o la del Remedio, como estandarte y señera.

Los valencianos han demostrado una vez más al mundo que están preparados para recibir al embajador de Cristo en la tierra, aunque este acontecimiento extraordinario y alegre se haya eclipsado, por el fallecimiento de las cuarenta y dos personas que murieron en el accidente del metro esta semana y que el Papa muy afectado por esta desgracia, ha rezado en el lugar del siniestro por las almas que ya se encuentran ante el Altísimo, según dice nuestra fe.


Benedicto XVI, ha dejado huella en nuestra tierra y en los miles de peregrinos llegados de todas las partes del mundo, para oír sus enseñanzas y recibir su bendición.







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