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artículos 2005] Este año como uno más la vecina población de San Vicente del Raspeig, se prepara para celebrar en este caluroso mes de Julio sus fiestas de Hogueras. La urbe esta engalanada con sus mejores y más suntuosas galas, el alumbrado extraordinario instalado por todas las calles y distritos fogueriles para que luzca en estas noches de alegría y desenfreno popular, el ambiente se hace denso se puede percibir la ilusión de todo un pueblo por esos días que se avecinan. Sus comisiones fogueriles ultimando todos los detalles aun ritmo frenético para que todo salga perfecto, sin improvisaciones de última hora. Amanece el día, los monumentos de cartón piedra plantados en sus respectivos distritos, altivos, erguidos y orgullosos de lo que representan para los sanvicenteros que conmemoran este acontecimiento anual y junto con los de Moros y Cristianos, forman un mosaico festero que les hace únicos y distintos en toda la Comunidad Valencia. La fiesta del fuego, tiene como principal protagonista a la mujer sanvicentera, ataviada con su traje, bella, esultante, dando lo mejor de sí misma en todos los actos y representaciones protocolarias que componen esta conmemoración, con el orgullo y satisfacción, de representar al pueblo que la ha visto nacer o en el cual vive. Un elemento imprescindible de la fiesta, la pólvora, atronadora protagonista en sus distintas formas de expresión y manifestación, cohetes, máscletas, petardos, fuegos artificiales y todo tipo de artilugios pirotécnicos. Esta celebración
tiene distintos y variados actos, siendo todos muy bonitos, pero uno
de los que sobresalen por su espiritualidad y devoción, es la
ofrenda de flores a la Virgen del Carmen, La Marinera, protectora junto
a San Vicente Ferrer, de esta ciudad a la cual se le rinde culto en
este acto solemne. Llegara
el día de la cremà y como en la noche mágica de
San Juan, los monumentos de cartón piedra, creados por las manos
del artista, arderán con la llama sagrada que todo lo purifica,
desapareciendo por completo, como si no hubieran existido y los sanvicenteros
conservaran en sus almas, esa tradición heredada de sus mayores
y que año tras año la ponen en practica, con la misma
fuerza y entusiasmo de sus antepasados.
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