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artículos 2005] Un año más justo a la cita, el barrio de Villafraqueza se prepara para celebrar sus Fiestas de Moros y Cristianos en honor a su Patrón San José. El ambiente se hace denso, sus principales calles y plazas se adornan y engalanan con arcos de luces multicolores. La cruz y la media luna predominan por doquier. En los cuarteles de las comparsas todo esta previsto, el ajetreo es patente entre sus miembros. Los trajes, accesorios y complementos se sacan de los armarios, o se alquilan. Hay que planchar las capas, sacar brillo a las hebillas y limpiar los zapatos o las botas, examinar las lanzas, los escudos y sobretodo, comprobar el buen estado de los arcabuces que van a ser utilizados en este evento como poderoso reclamado de la tradición y buen hacer de los habitantes del Palamó que participan en este acontecimiento anual. Por fin llega el día mágico de la entrada, las doce comparsas preparadas para el desfile. Todo esta dispuesto los nervios afloran entre los participantes, Villafranqueza se va a convertir durante unas jornadas en un escenario histórico donde las huestes cristianas van a reconquistar las tierras usurpadas por el moro. Todas las comparsas dispuestas a desfilar, con la capitanía mora que ostenta la Kabila Sarracenos y la cristiana la comparsa de San Jorge. Todos en marcha, desde los Negros Papues, los Tuareg, Hablaseis, hasta los Contrabandistas, Pescadors i LLauradors y las restantes entidades con sus correspondientes bandas de música. La entrada triunfal de las huestes por las principales calles del barrio, hará que las personas que se acerquen para ver insitu este acto, queden prendadas de la vistosidad de los atuendos, los maquillajes magistrales y el buen hacer de los cabos dirigiendo a sus correspondientes escuadras. La solemnidad de la marcha mora con Chimo o la alegría del pasodoble en las escuadras cristianas con Paquito el Chocolatero. Las bandas de música sonando a la vez embriagando un ambiente festivo denso de desenfreno y alegría popular. Llegara el día más significativo de la fiesta, la procesión en honor a su Patrón San José, donde todos los moradores del Palamó se vuelcan en la devoción que sienten por el padre adoptivo de Jesús, dando lo mejor de si mismos para que este acontecimiento salga perfecto y con la solemnidad requerida. Villafranqueza, estos días se convierte en un verdadero escenario histórico, tanto es así, que paseando por sus calles se observa a los festeros y festeras, vestidos con la indumentaria de la época, de tal forma que los visitantes se ven trasladados al tiempo de la reconquista de los reinos de España. Por la noche la alegría de las verbenas de los distintos cuarteles festeros, en los cuales las personas se divertirán hasta altas horas de la noche. Y como obviar, el olor a la pólvora de los arcabuces rugiendo en los alardos, las embajadas, las dianas, el ataque al castillo por las huestes moras y luego la reconquista del mismo por los ejércitos cristianos, todo por San José, el Padre bueno, el humilde carpintero. El Palamó en estos días tan especiales
para sus moradores, se convierte en un lugar hospitalario donde todos
los visitantes van a ser recibidos con los brazos abiertos, para disfrutar
un año más de estas fiestas tan maravillosas y con tanta
solera que engrandecen a Alicante.
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