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artículos 2005] Un año más todo esta dispuesto para celebrar las fiestas de Moros y Cristianos en honor de San Vicente Patrón de la ciudad. En las casas de los festeros sanvicenteros hay un ambiente frenético, los trajes y todos los ornamentos y complementos que componen la indumentaria mora o cristiana, están casi preparados. Planchando las capas, las camisas, los pantalones, sacando brillo a los accesorios dorados, probándose las botas, las zapatillas, los pies tienen que estar cómodos, hay varias jornadas agotadoras de desfiles, de alardos, de dianas, de embajadas, que tienen que ejecutarse con un estado físico y mental inmejorables. En los cuarteles o cabilas de las comparsas todo se pone a punto, pues va a ser el lugar de descanso y diversión durante estos días festivos. La vecina población de San Vicente del Raspeig, esta preparada para oír de nuevo en sus calles o plazas los acordes de los alegres pasodobles y la sobriedad de las marchas moras, que pone los pelos de punta a propios y foráneos que ven en esta celebración el espíritu del pueblo mediterráneo y sobre todo de nuestra Comunidad, tan rica en este tipo de acontecimientos, siendo la provincia de Alicante junto con la de Valencia, la que más ciudades conmemoran este tipo de eventos, cuya tradición y arraigo entre nuestras gentes esta más que demostrada. Estas jornadas son muy especiales para los sanvicenteros, ya que con el recuerdo de la reconquista de nuestras tierras a los musulmanes el pueblo entero se convierte por unos días en un verdadero escenario histórico, donde se cruzan los sentimientos de todos por dar lo mejor de sí mismos, cada uno vistiendo con orgullo los colores de su comparsa o fila, con sus familiares o amigos. Desfilando del brazo con la solemne marcha mora, o cogiendo la lanza y desfilando sueltos al son de los pasodobles festeros. O como los Pacos, con esos pasos atípicos y agotadores y el runrún monótono de la música, con la cepa por encima de los hombros terminando el desfile agotados y algunos miembros con un par de kilos menos. Y como obviar la razón de ser de estos festejos, la devoción de todo un pueblo por su Patrón, San Vicente Ferrer, el Santo Grande, el valenciano que mira al cielo. En la
iglesia unos días antes se traslada al Santo, desde el altar
mayor al Trono, que debe estar dispuesto para salir en procesión
por el itinerario tradicional, eso si no llueve, pues dicen los mayores
del lugar, que cada vez que se mueve a San Vicente las nubes se hacen
con el cielo y la lluvia cae sobre la población, poniendo su
especial encanto sobre estas fiestas.
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