15 Noviembre 2009 ~ 0 Comentarios

Jugar a ser Dios

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El hombre con su arrogancia y prepotencia siempre ha querido compararse con Dios. Uno de sus más fuertes deseos es dominar por completo el medio, la naturaleza y todos sus fenómenos, viento, lluvia, nieve, pedrisco, terremotos, etcétera. Aunque no se ha dado cuenta que no se puede jugar a ser Dios.

Les cuento todo esto estimados lectores, porque el otro día leía en LAS PROVINCIAS un artículo muy curioso, que hablada que en Pekín (China) el pasado jueves amanecía un día primaveral con un sol radiante y las personas podían pasear en mangas de camisa. Al día siguiente, una espesa capa de nieve cubría totalmente la urbe. Este cambio radical de la climatología había sido provocado por la mano del hombre, ya que habían lanzado multitud de cohetes contra las nubes, conteniendo yoduro de plata y este componente químico al mezclarse con otros que están en la atmósfera, provocando lluvia en forma de nieve. De este modo el ser humano experimenta con la naturaleza, intentando dominarla.

El problema de estos hechos según mi punto de vista, es que están trastornando y adulterando los medios que se rigen desde siempre por leyes naturales. El cambio climático y el deterioro sistemático del planeta lo está provocando el hombre.



Las estaciones están desapareciendo, no existe la primavera, ni el otoño, se pasa directamente del verano, al invierno, del calor asfixiante, al frio insoportable. Sobre todo, lo notamos más, las personas que vivimos en países mediterráneos, cuyo clima siempre ha sido ideal por moderado.

El ser humano es el artífice de la destrucción de su propio hábitat. Estamos dejando una herencia a nuestros hijos de destrucción. Un planeta casi al colapso de sus posibilidades naturales de supervivencia. Con mares y océanos totalmente contaminados. La atmósfera envenenada de productos que han destrozado parte de la capa de ozono, humos industriales, contaminación. Ambiente enrarecido con fenómenos naturales extraordinarios cuya ocurrencia se sitúa en lugares fuera de su orden natural y de todo eso, por no hablar de las pruebas nucleares que se realizaran sin enterarnos. ¿Quién tiene la culpa? está muy claro, la ambición del hombre y su prepotencia por querer compararse  a su Creador Supremo.

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