Reflexiones en el Aire

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Manuel Esteban Lozano en su intervención en la presentación de su libro Reflexiones en el aire, en la Casa de la Festa.

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Mesa de ponentes de la presentación del libro. De izquierda a derecha, Raquel Mataix, José Bernardo, Manuel Esteban y Rosa Aniorte.

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El autor con representantes de ASPANION (Asociación de Padres de niños oncológicos de la Comunidad Valenciana)

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El autor dedicando libros en el acto de la presentación.

Presentación Exmo. Sr. Dn. Luis Diaz Alperi Alcalde de Alicante

La más grata satisfacción que tiene un político desde su responsabilidad pública, -en mi caso, como alcalde de Alicante- es que le den la oportunidad de apoyar, de diversos modos, actos tan altruistas como el de Manuel Esteban Lozano, autor de este libro. No hay esfuerzo ni paso pequeño si se da en la dirección o con el objetivo adecuado. Por esta razón, he de agradecer a Aspanion la oportunidad que me brinda de respaldar una iniciativa de estas características, y de colaborar, de alguna manera, con una causa digna de todo elogio.

La lectura de esta obra nos acerca a personajes, fiestas y vivencias que tienen lugar en esta ciudad y esta provincia que tanto amamos. Y conocerla mejor siempre nos permite, desde nuestra responsabilidad, intentar mejorarla cada día. En definitiva, una lectura recomendable que, de forma amena y estructurada, nos hace descubrir rincones y costumbres en las que no reparamos, o directamente desconocemos, pero también redescubrir y conocer con mayor profundidad aquellas cosas que nos son cotidianas.

Pero además este libro adquiere una dimensión especial desde el momento en que tiene por objetivo el apoyo a la Asociación de Padres de Niños con Cáncer ASPANION, a quien se destina íntegramente el dinero de su venta. Es un gesto que honra al autor y nos viene a recordar que hay valores universales que nos reconcilian con el ser humano y nos hacen recordar que cada uno de nosotros albergamos la semilla que nos hace capaces de los actos más excelsos.

Respecto a Aspanion, me faltan palabras para reflejar lo que esta asociación supone para tantos padres y madres que se enfrentan a la enfermedad de sus hijos. Ni que decir tiene que su labor es fundamental para los propios niños. La conmoción inicial que supone para la familia el diagnóstico, y el temor que suscita el desconocimiento de aquello a lo que se enfrentan, se ve rápidamente contrarrestado por la experiencia y el saber hacer de los asociados de Aspanion. Sus integrantes, que colaboran estrechamente con los profesionales sanitarios, no escatiman esfuerzos para dar un apoyo integral a la familia y al paciente (psicológico, social, educativo y económico) que le ayude a concentrar sus fuerzas en la titánica lucha contra el cáncer. Una fuerza resultante de la unión fraguada a lo largo de 20 años de experiencia, que permite a sus asociados comprender que la consecuencia natural de la lucha contra el cáncer no es en la mayoría de los casos un desenlace triste, sino muchas veces, un mayor amor por la vida, y el redescubrimiento de la auténtica escala de valores que sólo aflora cuando el ser humano es puesto a prueba. Sea detrás de un microscopio, por parte de los profesionales sanitarios, desde el nivel asociativo, o con estas “Reflexiones en el aire” de Manuel Esteban Lozano, la lucha contra el cáncer merece tener el respaldo de toda la sociedad y de cada uno de los individuos que la componen. Enhorabuena.

Prólogo escritor Dn. José Ferrándiz Lozano

En justicia, este prólogo debería hablar de Manuel Esteban Lozano y su primer libro Reflexiones en el aire, pero no es esto lo que el autor me ha pedido. Manuel Esteban me sugirió que escribiera sobre otra cuestión: la solidaridad. Porque éste es un libro de artículos publicados en prensa que hablan de cosas distintas, sí, pero por encima de todo es un libro solidario. Y en ese gesto de querer que prevalezca la finalidad de estas páginas antes que las noticias sobre su autor me recuerda el guiño que el periodista Joaquín Soler Serrano dijo que tuvo la madre Teresa de Calcuta, poco antes de entrevistarla para su célebre programa “A fondo” que se emitía por televisión en los años setenta y principios de los ochenta. Ya sentada, poco antes de abrirse los micrófonos, la religiosa solicitó que no le preguntara por ella sino por su gente, sospecho que para evitar que su protagonismo se impusiera a su obra humanista.

Teresa de Calcuta es, sin duda, un icono apropiado para cualquier discurso que aspire a ensalzar lo solidario, aunque a servidor le vienen a la memoria dos instantes opuestos, igualmente ilustrativos, el primero con otro protagonista mucho más joven y lejano en el tiempo. Los asiduos a las anécdotas históricas –no siempre ciertas– sostienen que Bramante envió a su hijo a presentarle los planos de la Basílica del Vaticano al Papa Julio II. El pontífice, complacido y agradecido, enseñó al chico un cofre abierto con monedas de oro para consumar un pago al arquitecto. Para ello le invitó a que metiera la mano y cogiera cuantas monedas le cupieran, a lo que el joven se negó en redondo.

—Yo no, coja su Santidad, que tiene la mano más grande.

La anécdota, veraz o no, es por lo menos curiosa. Podría simbolizar la astucia, pero también la codicia. Y podría ser útil para explicar las tentaciones materialistas en provecho propio, tan abundantes en la vida privada y, no digamos ya, en la pública. Frente a la codicia y esa filosofía de sacar tajada cómo se tercie y de dónde se ponga a tiro, frente a ese ímpetu casi invencible de la acumulación, frente a todo esto, la actitud contraria de desprendimiento para beneficio ajeno resulta cada vez más chocante, por no decir que es práctica en retroceso, contracorriente. De ahí que, ante el instante posible en el que un joven prefiere beneficiarse de la mano del Papa porque para él se ofrece más onerosa, sea prudente oponer un segundo momento por su ejemplaridad: el de la madre Teresa de Calcuta relatando en “A fondo” el destino dado al dinero que recibía su congregación.

—Fue el papa Pablo VI el que me regaló el automóvil en Bombay cuando estuvo para el Congreso Eucarístico. Ese automóvil lo rifé y con ese dinero creamos un gran centro de rehabilitación para los leprosos al que llamamos La Ciudad de la Paz. Hace unos años, cuando el Papa me dio el Premio Papa Juan XXIII, con ese dinero hicimos otro centro de rehabilitación para los leprosos y se llama El Regalo de la Paz. Ahora, con el dinero del premio Nobel estamos edificando hogares para nuestra gente pobre, porque yo acepté el dinero en nombre de los pobres.

Manuel Esteban –nacido en Villena en 1959– ha escogido el camino de la solidaridad para su primera experiencia editorial, en la que selecciona algunos de sus artículos de opinión publicados en los diarios Información, Las provincias y La verdad. Su incorporación al columnismo fue tardía, ya con los cuarenta cumplidos, pero su constancia y vocación le han permitido, con pertinente modestia, ganarse espacios en el papel que expide impreso la rotativa. Desde sus cartas como lector en el diario Información saltó a la columna propia en las ediciones alicantinas de Las provincias y La verdad, y en paralelo una página web personal deja archivadas sus reflexiones a disposición de internautas. Con semejante bagaje puede asegurarse que alcanza la ventaja que señaló el periodista e historiador Paul Johnson cuando certificó que escribir una columna regular sobre cualquier cuestión es uno de los grandes privilegios. Con todo, es prudente que a menudo los columnistas rebajemos la euforia y comprendamos que también tuvo razón Manuel Azaña, activo articulista antes de pasarse a la política, quien concluyó que no hay mejor cosa para no tener influencia que escribir un libro o un artículo. Lo que dicho en décadas sin televisión, el medio que sobrepasa a todos en influjo, adquiere un mérito mayor.

Aceptado, pues, que el columnismo es un privilegio de influencia dudosa –no es aconsejable que la lectora o lector se deje impresionar cada vez que oiga que existen “líderes mediáticos” en prensa–, quedan otros escenarios por atender. Y en eso entreveo que Manuel Esteban ha estado al tanto al optar por la solidaridad con una organización que es un ejemplo de historial solidario: ASPANION, la Asociación de Padres de Niños con Cáncer. A esta asociación, a su lucha diaria y colectiva que tan buenos frutos registra y tan excelentes victorias a la enfermedad ha firmado, se destinan los beneficios de este libro. Y ahí es donde entra en juego la humanidad del columnista capaz de hallar esos lugares a los que no todos llegan.

—¿Y por qué ASPANION? –le pregunté.

—Porque yo quedé muy marcado cuando murió mi primo de cáncer.

El primo al que aludía en la breve conversación era un primo hermano, de su misma edad, que falleció a los diecinueve años. Yo a ese primo suyo, que era primo segundo mío –como lo es Manuel Esteban–, no lo conocí ni traté porque vivíamos en poblaciones distintas y apenas coincidí con él. Sí recuerdo, en cambio, el día en que se recibió la noticia en casa. Por eso supe de qué hablaba, y acaso por eso mismo comprendí que estas páginas son para su autor algo más que una selección de artículos. No estaría bien que, intuyéndolo, yo finalizara este prólogo sin añadir que éste es un libro, por tanto, no exento de emoción.